¡Llueve y las calles se inundan! ¿Qué está fallando en el drenaje de Ibarra?

(Redacción Ibarra).- El agua que desciende desde las partes altas del volcán Imbabura sigue una ruta natural hacia la ciudad. La lluvia y la escorrentía se concentran en las vertientes y quebradas que atraviesan las laderas, formando cauces que, desde hace décadas, han conducido el agua hacia Ibarra. Comprender ese recorrido permite observar un problema que va más allá del cauce natural del río Ajaví, su embovedado y el colector construido en 1989, que evacúa aguas residuales, escorrentía y aportes de agua de las quebradas Las Flores y Grande, por el suroeste, y San Clemente conduciendo el 42,26 % del volumen total hacia el río Tahuando. El problema surge cuando el agua deja de circular por esta vía.

Para entender por qué el agua se acumula en determinadas calles e intersecciones, es necesario mirar hacia las partes altas de la ciudad y seguir el recorrido de la lluvia desde que cae sobre las laderas hasta que llega a las zonas urbanizadas. En superficies cubiertas de asfalto, hormigón o adoquines, el agua no logra infiltrarse fácilmente en el suelo, por lo que escurre hacia las calles y debe ser evacuada a través del sistema de drenaje de la ciudad.


Es en ese recorrido donde pueden aparecer los puntos críticos de inundación. Cuando el volumen de agua supera la capacidad de captación y conducción de los sumideros y colectores, o existen obstrucciones y deficiencias en la infraestructura, el agua permanece sobre la calzada y puede acumularse en determinadas intersecciones. A esto se suma la expansión de la frontera urbana y la modificación del uso del suelo, factores que han incrementado la presión sobre el sistema de drenaje y generado limitaciones en su capacidad operativa.

La zona de la terminal terrestre de Ibarra


Las vías que confluyen en el sector de la Terminal Terrestre de Ibarra, como las avenidas Luis Abel Tafur y Eugenio Espejo, así como las calles Lucila Benalcázar Beltrán y Eduardo Almeida Proaño, reciben el agua lluvia que desciende desde las zonas altas de la ciudad. Esta concentración de escorrentía incrementa el volumen de agua que circula por estas intersecciones y, cuando coincide con sumideros obstruidos o una capacidad insuficiente del sistema de alcantarillado, favorece la acumulación de agua sobre la calzada. A esto se suma el paso de la línea férrea por la avenida Eugenio Espejo, cuya infraestructura podría interferir en el flujo del agua, en el caso de la avenida Teodoro Gómez de la Torre diseñada con bombeo —una ligera inclinación desde el centro hacia los costados— para facilitar el drenaje de la lluvia, no logra fluir por esa vía y provoca anegamientos recurrentes cada año.

Esta situación no solo se evidencia en el sector de la Terminal Terrestre, sino también en barrios como Los Ceibos y La Victoria, Azaya, Avenida 17 de Julio, Caranqui,Barrio José Miguel Leoro, donde las precipitaciones provocan anegamientos recurrentes. Frente a este escenario, se requiere inversión y un estudio técnico integral que permita conocer el estado de la infraestructura subterránea y determinar la capacidad real de sumideros. Entre las alternativas que podrían analizarse están la apertura de la calle Teodoro Gómez de la Torre para conectarla con un sistema de descarga hacia la quebrada del río Tahuando, o una posible conexión desde la avenida Eleodoro Ayala hacia el colector del río Ajaví, cuya capacidad también presenta limitaciones.

El desafío de Ibarra es revisar qué ocurre bajo sus calles y determinar si su infraestructura de drenaje sigue respondiendo a las necesidades de una ciudad que ha crecido y cambiado desde que fue diseñada. Aunque esta problemática ha estado presente en las administraciones municipales entrantes y salientes, las soluciones de fondo siguen pendientes. En lugar de una intervención integral que permita corregir las deficiencias desde su origen, las respuestas han sido principalmente reactivas, centradas en atender las emergencias una vez que los problemas se manifiestan.

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