Influencer virtual con rasgos indígenas genera controversia por contenido sexualizado

(Redacción Ibarra).- En los últimos meses, usuarios de plataformas como Telegram, Instagram y TikTok han presenciado la aparición de una figura femenina otavaleña: una influencer creada completamente con inteligencia artificial. Bajo el nombre de Saya Otavalo, este avatar acumula más de 32.4 mil seguidores en TikTok, 9.190 en Instagram y alrededor de 13.6 mil suscriptores en Telegram, donde se promociona abiertamente contenido de carácter explícito, así como el acceso a la denominada “página azul”.
Juana Chicaiza, influencer indígena que genera contenido cultural y político en TikTok, advierte en uno de sus videos que estas representaciones no son neutras ni inocentes. Enfatiza que cuando los cuerpos digitales adoptan identidades indígenas, el problema se profundiza: “No es innovación, es racismo tecnológico que afecta a nuestros pueblos y nacionalidades”. Además, sostiene que la forma en que se programa la inteligencia artificial reproduce prejuicios, borra dignidades y normaliza una nueva forma de colonización en el entorno digital. “Cuando una mujer indígena se convierte en un avatar sexualizado, no es empoderamiento; es una amenaza directa a nuestra identidad”, afirma.
La construcción de una influencer quechua con una estética hipersexualizada no solo cuestiona el uso de la inteligencia artificial, sino también las dinámicas de mercado que convierten la identidad cultural en un recurso explotable. Más allá de lo indígena, diversos sectores coinciden en que la sexualización extrema de cuerpos femeninos, ya sean reales o artificiales, contribuye a la cosificación de la mujer y refuerza estereotipos dañinos.
Asimismo, hay quienes señalan que la responsabilidad no recae únicamente en los creadores de este tipo de contenido, sino también en el consumo masivo que lo respalda. En un entorno digital donde prima la viralidad, muchos usuarios no cuestionan si lo que siguen es real o artificial, mientras otros buscan lucrar a partir de la imagen e identidad de la mujer indígena hipersexualizada.
Un análisis del contenido de esta influencer mediante herramientas de detección de inteligencia artificial sugiere que tanto las imágenes como los videos han sido generados digitalmente, lo que refuerza las sospechas sobre su origen artificial. A pesar de ello, existe un público que consume e incluso paga por este tipo de material, lo que evidencia la consolidación de un modelo de negocio basado en la creación y comercialización de avatares hipersexualizados mediante inteligencia artificial.











