¿Los hundimientos de las calles de Ibarra esconden un problema bajo tierra?

(Redacción Ibarra).- Más allá de la temporada invernal, el fenómeno de El Niño con las lluvias atípicas y los tradicionales anegamientos que soporta la ciudad durante las precipitaciones, existe otra preocupación que se repite en distintos sectores: calles que presentan hundimientos y reparaciones que, en algunos casos, no parecen durar lo suficiente. Ciudadanos reportan adoquines que ceden, superficies irregulares y tramos que vuelven a deteriorarse después de haber sido intervenidos.

La interrogante apunta hacia la infraestructura que no se ve. El sistema de alcantarillado de Ibarra comenzó a desarrollarse formalmente en 1973, cuatro años después de la creación de EMAPA-I, en 1969. Antes de ese periodo, la cobertura era limitada y menos del 30 % de la población contaba con sistemas rudimentarios de evacuación de aguas. Posteriormente, en 1989, durante la administración del entonces alcalde Alfonso Pasquel, se construyó el colector del canal Ajaví, una estructura de hormigón armado de 2,25 kilómetros destinada a conducir las aguas hacia el río Tahuando.

Han transcurrido varias décadas desde la construcción de parte de esta infraestructura. Esto plantea una pregunta necesaria: ¿en qué condiciones se encuentran actualmente las redes de drenaje y alcantarillado que funcionan bajo las calles de la ciudad? ¿Todas conservan su capacidad operativa o existen tramos que podrían haber cumplido su vida útil?

La preocupación no es menor. Cuando una tubería o un colector presenta fisuras, roturas o filtraciones, el agua puede arrastrar partículas del suelo y generar vacíos debajo de la calzada. Con el tiempo, la superficie pierde estabilidad y los adoquines pueden hundirse. Si el deterioro avanza, incluso existe el riesgo de que se produzcan socavones. Sin embargo, establecer si este mecanismo explica los daños reportados en Ibarra requiere inspecciones y estudios técnicos.

No se trata de la única causa posible. Los hundimientos también pueden originarse por fugas en las redes de agua potable, fallas en el alcantarillado, saturación del suelo, deficiencias en la compactación de las bases o las cargas del tránsito vehicular. Por eso, resulta importante determinar qué está provocando los daños en cada sector antes de limitar las intervenciones a la reposición de adoquines o al bacheo de la superficie.

Un antecedente que añade elementos a esta discusión consta en el Plan de Uso y Gestión del Suelo de Ibarra, que recoge información sobre redes de agua potable que ya habían cumplido su vida útil. Aunque este registro no demuestra que los colectores pluviales también presenten deterioro, sí evidencia la necesidad de revisar las condiciones de la infraestructura subterránea y su capacidad para responder a las demandas actuales de la ciudad.

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