Una joya patrimonial de Ibarra al borde del colapso por disputas y abandono

(Redacción Ibarra).- En pleno corazón del centro histórico de Ibarra, en la esquina de las calles Bolívar y Flores, se levanta un edificio que durante décadas fue símbolo de poder y gestión provincial. Hoy, sin embargo, la antigua Gobernación de Imbabura se tambalea entre el deterioro estructural y una maraña administrativa que amenaza con sepultar su valor histórico.
El inmueble pertenece al Gobierno Nacional, pero su uso fue cedido a la Gobernación bajo una condición tajante: si no lo ocupa, debe devolverse. “El edificio fue entregado por la Corte Nacional con la obligación de ser utilizado por nuestra entidad. Si no cumplimos, estamos obligados a devolverlo”, advirtió Israel Cabezas, gobernador de Imbabura.
La paradoja es evidente, el estado actual del edificio hace inviable su uso, pero tampoco se puede restaurar con facilidad, pues la Gobernación carece de los recursos necesarios.

Los técnicos calculan que la restauración completa del inmueble demandaría 1,6 millones de dólares, una cifra que aumenta día tras día a medida que avanzan las filtraciones, el debilitamiento de la estructura y la proliferación de plagas. Lo que alguna vez fue símbolo de orgullo provincial, hoy es un peligro latente para quienes transitan el centro de la ciudad.
Frente al abandono nacional, la Alcaldía de Ibarra ha tomado cartas en el asunto con intervenciones de emergencia: instalación de sobrecubiertas, control de maleza y plagas, y medidas de seguridad para evitar accidentes. Sin embargo, estos esfuerzos significan un gasto constante para el municipio, que no consta como dueño del edificio.

La alcaldía ha propuesto asumir la restauración y la titularidad del inmueble para integrarlo a los programas de conservación patrimonial, pero hasta ahora la respuesta del Gobierno Central ha sido un silencio que pesa tanto como las grietas en sus muros. Mientras tanto, el emblemático edificio sigue cayéndose a pedazos. Cada día que pasa, el costo de salvarlo se incrementa, y con él, el riesgo de perder para siempre una de las joyas arquitectónicas más importantes del centro de Ibarra.






