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El fuego no termina al apagarse: la fauna y flora de Cotacachi enfrentan años de recuperación

(Redacción Cotacachi).- Seis días de arduo trabajo les tomó a guardaparques, alrededor de 300 comuneros de Cuicocha, Morochos e Italquí; bomberos de Cotacachi, junto con brigadas de Otavalo, Antonio Ante, Pedro Moncayo y Ambato; integrantes de la Brigada Amazonas de Atuntaqui del Ejército; personal de la Escuela de Formación de la Policía Nacional de San Pablo; funcionarios de la Secretaría de Gestión de Riesgos, del Municipio de Cotacachi y voluntarios, para controlar y extinguir por completo el voraz incendio forestal que consumió más de 700 hectáreas de pajonal en la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas.

imapcto dle incendio forestal, no solo es la paja si no lo que habita en ella el agua que nace de el apramosn aliemta la laguna de cuicocha

Luego de la devastación provocada por el incendio, el paisaje de esta reserva, que comprende 243 mil hectáreas y está conformado en gran parte por pajonales de páramo ubicados en las faldas del volcán Cotacachi y en la zona de Cuicocha, aunque el fuego ya fue extinguido, sus efectos sobre el ecosistema apenas comienzan a evidenciarse.

Pero, ¿qué ocurre después de que el fuego desaparece?

En un ecosistema de páramo, el impacto de un incendio va mucho más allá de la vegetación que puede observarse a simple vista. El fuego destruye plantas, semillas, materia orgánica y microorganismos presentes en el suelo, además de alterar las condiciones que permiten la regeneración natural.

La fauna también resulta afectada. Lobos de páramo, venados de cola blanca, cervicabras, osos de anteojos, pumas, conejos, chucuris, cóndores andinoa, curiquinguea, patos, gallaretas, zambullidores plateados, gaviotas andinas, lagartijas, guagsas, insectos, anfibios, musarañas pueden morir durante el incendio o verse obligados a abandonar sus hábitats en busca de alimento y refugio. La pérdida de vegetación significa, además, menos lugares para anidar, reproducirse y protegerse de los depredadores.

Uno de los mayores riesgos aparece después del incendio. Al desaparecer la cobertura vegetal, el suelo queda expuesto a la lluvia y al viento, aumentando la posibilidad de erosión. En zonas de páramo, esto puede afectar también la capacidad del ecosistema para almacenar y regular agua, una de sus funciones ambientales más importantes.

¿Cuánto tiempo tarda en recuperarse?

La recuperación depende de la intensidad del incendio, el tipo de vegetación afectada, las condiciones del suelo y la frecuencia con la que ocurren estos eventos. No existe un tiempo único para que un ecosistema quemado vuelva a su estado original.

Mientras algunas especies herbáceas pueden comenzar a rebrotar durante los primeros meses, la recuperación de un ecosistema de páramo puede tomar varios años o incluso décadas. Las especies de crecimiento lento y los componentes del suelo requieren mucho más tiempo para restablecerse.

Además, que el terreno vuelva a verse verde no significa que el ecosistema se haya recuperado. Una zona puede adquirir nuevamente cobertura vegetal en pocos años y, sin embargo, tardar mucho más en recuperar su composición original de especies, sus funciones ecológicas y las condiciones necesarias para sostener a la fauna.

Por eso, las más de 700 hectáreas afectadas en Cuicocha no representan únicamente una superficie cubierta de vegetación quemada. Son cientos de hectáreas en las que la naturaleza deberá iniciar nuevamente un proceso de regeneración.

Guardaparques, un servicio que inspira vocación

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(Opinión).- Durante las últimas semanas he sentido un orgullo indescriptible y he tenido ganas de contárselo al mundo. Creo indispensable que todos sepan que trabajo con el mejor equipo humano que se pueda desear; con hombres y mujeres que no solo cumple con su trabajo por profesionalismo, sino y por sobre todo, porque aman lo que hacen.

Y eso lo ratifiqué en estos intensos días de trabajo en que nuestro país fue golpeado por un número de incendios paralelos y sin precedentes en la historia. Los mensajes con reportes iban y venían al igual que las fotografías de todas partes del Ecuador en un chat que creamos para poder mantenernos informados y tomar las decisiones necesarias a nivel país.

Once de la noche, dos de la mañana, cuatro. No importaba la hora, las 24 provincias estaban activadas y créanme que era conmovedor ver como nuestros guardaparques hacían todo lo posible y lo imposible para salvar ese patrimonio de todos nosotros que se quemaba centímetro a centímetro.

Y no solo eso, sino que quienes se encontraban en zonas no afectadas pedían autorización para poder trasladarse a donde los necesitaran con el fin de ayudar; y muchos lo hicieron por el solo hecho de salvar nuestro planeta. Nadie escatimó recursos, no hubo horarios, límites provinciales o disposiciones de autoridades, no había miedo; solo pasión.

Una pasión con rostros, con nombres y apellidos. Raúl, Becker, Gisella, Wilson, Sonia, Andrés, ellos son parte de los 750 guardaparques que protegen nuestros recursos, son ellos nuestros héroes verdaderos, quizá anónimos pero reales.

Son ellos quienes viven en las reservas naturales, quienes conviven con el peligro los 365 días del año, quienes monitorean la vida silvestre amenazada ya sea por procesos naturales como el Cotopaxi o por la misma mano del hombre. Son la primera voz de alerta ante cualquier eventualidad en la naturaleza, apoyan al IGM en el mantenimiento y colocación de equipos. Diariamente recorren las áreas naturales, realizan controles, son nuestros ojos y nuestras manos en campo.

Por eso cuando leía esos mensajes de celular ratifiqué lo que pensaba: en verdad tengo mucha suerte al estar rodeada de personas que aman lo que hacen; porque cuando se trabaja en un banco, en una caja de cobros no necesariamente se debe amar el sistema bancario. Pero quienes trabajamos en ambiente si debemos amarlo, respetarlo y sentir pasión por él.

Para poder decirles gracias por todo esto, hace poco me reuní con ellos, con mis guardaparques que antes no existían en el país y hoy son un eje fundamental de nuestra Cartera de Estado y de nuestras vidas; y, lejos de lo que podía esperar, quizá encontrarme con personas agotadas por tanto trabajo, por la ceniza del volcán o los minuciosos cuidados que entregan a los animales de las reservas, ellos me recibieron con una sonrisa. Con un sano orgullo que a través de sus miradas me dijeron: misión cumplida.

Yo solo puedo compartir con ustedes esta experiencia y agradecer a nuestros guardaparques porque inspiran vidas con sus acciones cotidianas que ya están cambiando la historia. Ellos son el mensaje activo del Ministerio del Ambiente para el mundo: vivir la vocación de servicio que nos pone el reto de ser mejores todos los días.

Gracias infinitas a los guardaparques, a sus esposas, sus hijos y sus familias porque ellos entienden el valor del tiempo y saben que para nosotros ser servidores públicos es una oportunidad que nos permite ser mejores todos los días y entregar siempre cosas positivas. El Ministerio a través de ustedes es un ejemplo y este es un reconocimiento para ponerlos en el lugar en el que ustedes merecen estar, no porque alguien lo diga sino porque es su derecho, por su dedicación y su entrega de la cual me siento absolutamente orgullosa.

Lorena Tapia
Ministra del Ambiente