(Redacciòn Ibarra).- Ecuador atraviesa en esta época del año una etapa seca, con lluvias que aparecen de manera irregular y en algunos sectores son escasas. En Imbabura, esta situación se siente con mayor fuerza: la falta de precipitaciones mantiene secos los terrenos y la vegetación, aumentando el riesgo de que los incendios se propaguen con mayor facilidad.
Ibarra también ha registrado temperaturas llamativas. El 8 de agosto, a las 15:00, la ciudad alcanzó los 27,36 °C, uno de los registros más altos de estos días. El dato llama la atención al compararlo con la Costa. A esa misma hora, en Atacames, Esmeraldas, la temperatura rondó los 27 °C. Es decir, Ibarra llegó a registrar una temperatura ligeramente superior a la de una ciudad ubicada en pleno litoral ecuatoriano.
Pero el calor no es el único factor. En Ibarra también se han registrado niveles elevados de radiación solar.el INAMHI mantiene una alerta por radiación ultravioleta extremadamente alta, por lo que se recomienda evitar permanecer bajo el sol durante largos periodos y utilizar protección.
En cuanto al viento, el 11 de agosto las ráfagas alcanzaron cerca de 18 kilómetros por hora, una velocidad capaz de mover ramas de los árboles, levantar objetos livianos e incluso ocasionar daños en estructuras vulnerables, y que, en terrenos secos, puede favorecer que las llamas de un incendio avancen con mayor rapidez.
Esta combinación preocupa especialmente en Imbabura, donde se han registrado incendios en sectores de Ibarra y Cotacachi. Con poca humedad en el suelo, vegetación seca, fuerte radiación solar y presencia de viento, las condiciones pueden jugar a favor de la propagación del fuego.
(Redaccion Ecuador).- Organismos internacionales de monitoreo climático han encendido las alertas tras detectar la posible formación de un fenómeno de El Niño de intensidad extraordinaria en el océano Pacífico, denominado por expertos como “Súper El Niño”.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que existe un 82% de probabilidad de que el fenómeno se consolide entre mediados y finales de 2026, con efectos que podrían extenderse hasta 2027.
Especialistas advierten que este evento podría convertirse en uno de los más fuertes registrados desde 1877, debido al acelerado incremento de la temperatura superficial del océano Pacífico y los cambios atmosféricos detectados en ambos hemisferios.
Ecuador entre los países en riesgo
En el caso de Ecuador, los primeros efectos comenzarían a sentirse desde el segundo semestre de 2026, mientras que el periodo de mayor impacto estaría previsto entre octubre de 2026 y marzo de 2027, especialmente en las provincias de la Costa.
Los pronósticos señalan posibles lluvias intensas y prolongadas, inundaciones y desbordamientos de ríos, deslizamientos de tierra, afectaciones agrícolas y pesqueras, asi como el incremento de temperaturas y humedad.
Además, expertos internacionales advierten que otras regiones del planeta podrían enfrentar sequías extremas, incendios forestales e inviernos severos como consecuencia de las alteraciones climáticas globales.
Centros meteorológicos internacionales continúan monitoreando el comportamiento del Pacífico ecuatorial para determinar la verdadera magnitud del fenómeno en los próximos meses. Aunque aún no existe una confirmación definitiva sobre la intensidad final del evento, científicos coinciden en que el comportamiento actual del océano mantiene en alerta a gran parte del mundo.
(Redacción Ecuador).- Ecuador no solo enfrenta una ofensiva sin precedentes del crimen organizado; también vive un debilitamiento interno de su fuerza policial. Mientras los homicidios y la violencia marcaron récords históricos, la Policía Nacional perdió a miles de sus integrantes más experimentados, en un fenómeno que avanza de forma silenciosa pero constante.
Entre 2020 y 2025, 9.608 policías solicitaron la baja voluntaria, una cifra que evidencia una crisis paralela dentro de la institución. El punto más crítico se registró en 2023, año que coincidió con el periodo más violento del país, cuando 3.053 uniformados decidieron abandonar el servicio activo.
Las cifras revelan una relación alarmante: durante ese mismo quinquenio, 698 policías murieron, lo que significa que por cada uniformado fallecido, casi 14 optaron por retirarse voluntariamente.
El comportamiento de las bajas no fue uniforme. En 2021, las salidas tocaron su nivel más bajo con 465 casos. Sin embargo, en 2022 se produjo un salto abrupto a 1.834 bajas, anticipando el colapso institucional que se evidenciaría al año siguiente. En 2023, Ecuador cerró con 8.004 asesinatos, y la Policía sufrió el mayor éxodo de su historia reciente.
Aunque en 2024 y 2025 las cifras descendieron a 1.887 y 1.493 bajas, respectivamente, el nivel de deserción sigue siendo muy superior al registrado antes de la pandemia, confirmando que el problema no ha sido superado.
Paradójicamente, este debilitamiento ocurre incluso cuando se intenta reforzar la fuerza pública. El 9 de junio de 2023, el entonces presidente Guillermo Lasso encabezó la graduación de 7.301 nuevos policías, una incorporación que no logró compensar la salida masiva de personal con años de experiencia.
Se van los más preparados
El impacto más grave no está en el número, sino en el perfil de quienes se van. Casi el 48% de las bajas corresponde a policías con entre 16 y 20 años de servicio (4.591 casos), es decir, cuadros formados, con liderazgo operativo y conocimiento del territorio. A ellos se suman 3.910 agentes con entre 21 y 25 años de trayectoria.
Detrás de las estadísticas hay historias marcadas por el miedo, el desgaste y la supervivencia. Uno de los casos es el de un Mayor del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) que operaba en Manta, quien solicitó su baja en 2023 tras perder compañeros y recibir amenazas directas del narcotráfico. Su proyecto de vida dentro de la institución terminó abruptamente, dejando atrás años de entrenamiento de élite que hoy ya no están al servicio del Estado.
Este tipo de salidas ha generado un efecto estructural: la Policía enfrenta una escasez de oficiales de alto rango. Actualmente, solo siete generales integran el Mando Institucional, pese a que existen 18 plazas previstas para dirigir unidades estratégicas y zonas críticas.
Quito lidera las bajas
La distribución geográfica de las salidas rompe varios supuestos. Quito concentra el mayor número de bajas voluntarias del país, con 2.589 casos entre 2020 y 2025. Le sigue la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) con 1.087 salidas, y la Zona 1 de la frontera norte —Esmeraldas, Carchi, Imbabura y Sucumbíos— con 1.205 casos.
En contraste, la Zona 2 (Napo, Orellana y el área rural de Pichincha) registra apenas 374 bajas, el nivel más bajo a escala nacional.
Al analizar provincias específicas, el impacto de la violencia territorial es evidente. Manabí perdió 663 policías, Los Ríos registró 545 bajas, y Esmeraldas vio salir a 449 uniformados, todas zonas fuertemente afectadas por el narcotráfico y el crimen organizado.
Por otro lado, un informe técnico revela una grave desigualdad en la distribución de la Policía Nacional: mientras Quito concentra un excedente de más de 7.000 agentes en relación con su población y nivel delictivo, provincias como Guayas y Los Ríos —epicentros de la violencia criminal y el narcotráfico— operan con un déficit de personal para enfrentar la inseguridad.
Un problema que continúa en 2026
Para el inicio de 2026, ya existen 124 solicitudes de baja en trámite, bajo la figura de “pendiente entrega de requisitos”. Ante este escenario, la institución ha empezado a aplicar filtros más estrictos: en 2025, por primera vez en el quinquenio, 23 solicitudes fueron negadas por incumplimiento del reglamento de carrera o bajo la figura de negativa temporal.
Mientras la ciudadanía exige mayor presencia policial y resultados frente a la delincuencia, la Policía Nacional enfrenta una batalla interna por retener a su personal clave. Menos experiencia en las filas significa menos capacidad operativa, en un contexto donde la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones del país.
(Redacción Otavalo).- Un fuerte vendaval en la zona del desvío de Azama, sobre la vía que conecta Otavalo y Cotacachi, provocó el desplome de un árbol que impactó un automóvil que circulaba por el lugar. Una persona resultó herida y el vehículo sufrió daños materiales.
Según el informe de testigos, las ráfagas de viento, esperadas en la región andina por estos días, fueron la causa directa de este incidente. El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) ha advertido que, en los últimos días, la Sierra—incluyendo regiones como Imbabura—ha estado expuesta a ráfagas de viento de variada intensidad
En particular, el 1 de agosto de 2025, INAMHI emitió un aviso por vientos de entre 40 y 70 km/h en zonas de la Sierra como el norte de Imbabura, lo cual elevó el riesgo en carreteras expuestas y áreas rurales.
Además, el Boletín Meteorológico Nº 48, vigente desde el 24 hasta el 28 de agosto, clasificado como advertencia, prevé lluvias, tormentas y ráfagas de viento fuertes en la región Interandina, incluida la zona de estribación andina donde se encuentran Otavalo y Cotacachi.
INAMHI recomienda a la ciudadanía:
Mantenerse informados mediante canales oficiales dada la persistencia de alertas meteorológicas hasta el 28 de agosto
Evitar transitar cerca de árboles altos o estructuras inestables.
Estacionar vehículos alejados de árboles o posibles objetos que puedan caer.
(Redacción Ibarra).- La tarde de este jueves 3 de julio de 2025, el río Chota se desbordó en el sector del Chota, cantón Pimampiro, como consecuencia de las intensas lluvias registradas en la zona y en los alrededores del cantón. El desbordamiento inundó extensas áreas de cultivo, generando alarma entre los habitantes y afectando plantaciones de tomate riñón, cebolla roja, caña, aguacate, cítricos, yuca y plantas medicinales.
Hay tensión y preocupación también en las comunidades asentadas junto a los ríos Apaquí y Mataquí, cuyos caudales han aumentado significativamente en las últimas horas por las constantes precipitaciones, estos ríos finalmente confluyen para formar el río Chota. Los pobladores de las riberas en las provincias de Imbabura y Carchi permanecen en alerta ante la posibilidad de nuevos desbordamientos que podrían arrasar con sus cosechas.
En más de una ocasión, la fuerza de los inviernos ha elevado los niveles de estos afluentes, provocando desbordamientos que se han llevado consigo la producción agrícola en las partes bajas del Valle del Chota y causando grandes pérdidas económicas para los agricultores locales.
Las autoridades locales están monitoreando de cerca la situación y evalúan activar medidas de emergencia para proteger a las comunidades ribereñas.
Según reportes históricos, el último desborde se registró en mayo de 2011, cuando después de 34 años de relativa calma, el río se salió de su cauce tras intensas lluvias en el Valle del Chota. En ese episodio se registraron 50 hectáreas de cultivo afectadas y riesgo para más de 100 familias