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Llurimagua: el cobre que podría sepultar la vida en Intag

(Redacciòn Imbabura).- En el valle de Intag donde confluyen las parroquias García Moreno y Peñaherra del canton Cotacachi en mbabura, la historia de Llurimagua no es nueva. Desde la década de 1990, este proyecto minero ha pasado por manos de empresas japonesas, canadienses, chilenas y de la estatal ecuatoriana, sin lograr consolidarse. En todos los casos, un mismo factor ha frenado su avance: la resistencia sostenida de las comunidades.

Para este año el Gobierno ha anunciado la licitación del proyecto a pesar de que en 2023 la Corte Provincial de Imbabura revocó su licencia ambiental. El fallo determinó que se vulneraron los derechos de la naturaleza y que no se realizó una consulta ambiental adecuada, ordenando la suspensión de las actividades hasta cumplir con estos requisitos. Sin embargo, hasta la fecha, dicha consulta no se ha llevado a cabo.

Riqueza natural frente a intereses extractivos

Llurimagua se ubica en un ecosistema de bosque nublado que abarca cerca de 4.800 hectáreas y alberga una biodiversidad excepcional. En esta zona habitan especies en peligro de extinción como el oso de anteojos, el jaguar y el puma, además de anfibios únicos como la rana cohete resistencia y la rana arlequín hocicuda, esta última redescubierta tras haber sido considerada extinta.

La extraordinaria riqueza biológica del territorio se ha convertido en uno de los principales argumentos de las comunidades para rechazar el proyecto minero. A esto se suman las alertas sobre impactos ya evidenciados durante fases de exploración, como perforaciones profundas que, según denuncian los habitantes, habrían alterado fuentes de agua, modificando su temperatura y niveles de acidez, y generando posibles riesgos de contaminación.

En medio de este entorno se encuentran comunidades como Junín, donde la conservación no es un discurso, sino una forma de vida. Ríos cristalinos, paisajes naturales y atractivos como las “Cascadas Gemelas”, junto con iniciativas de ecoturismo, sostienen economías locales que dependen directamente del equilibrio del ecosistema.

Sin embargo, ese modelo que ha perdurado por años hoy enfrenta una amenaza latente: la posibilidad de que la actividad minera transforme de manera irreversible un territorio que, hasta ahora, ha apostado por vivir de la naturaleza sin destruirla.

Reformas legales y nuevas empresas aumentan la incertidumbre

El escenario se complica con la reciente reforma a la legislación minera, que según organizaciones ambientales podría flexibilizar los requisitos para la obtención de licencias y debilitar la consulta ambiental. Aunque la normativa aún genera interpretaciones diversas, existe preocupación de que se utilice para acelerar procesos sin cumplir plenamente con las garantías legales.

A esto se suma el interés de nuevas empresas internacionales en la concesión, lo que refuerza la intención de reactivar el proyecto. Paralelamente, se ha cuestionado la reclasificación de Llurimagua como proyecto de mediana escala, pese a ser considerado uno de los mayores yacimientos de cobre del mundo, lo que podría implicar menos exigencias en los trámites.

División y resistencia

Más allá del componente ambiental, el proyecto ha generado tensiones dentro de las propias comunidades. Mientras algunos sectores ven en la minería una posibilidad de empleo y desarrollo económico, otros defienden un modelo basado en la conservación, el ecoturismo y las economías locales sostenibles.

En Intag, iniciativas comunitarias han demostrado que es posible generar ingresos sin afectar el entorno natural. Sin embargo, la presión minera ha profundizado divisiones sociales que se mantienen hasta hoy.

Un conflicto abierto y una decisión pendiente

El futuro de Llurimagua sigue sin definirse. La falta de una consulta ambiental efectiva, las dudas sobre el cumplimiento de fallos judiciales y la posibilidad de nuevos procesos legales, incluso a nivel internacional, mantienen el conflicto en un punto crítico.

Más allá de lo técnico, el caso refleja un debate de fondo sobre el modelo de desarrollo del país. Entre la explotación de recursos minerales y la conservación de territorios biodiversos, Intag se ha convertido en un símbolo de una decisión que Ecuador aún no termina de resolver.

Emelnorte deja de cobrar la tasa de recolección de basura y Emapa-I asume el cobro desde este año

(Redacción Ibarra).- La Empresa Eléctrica Regional del Norte (Emelnorte) informó que, desde este año, la tasa de recolección de basura dejará de incluirse en la factura del servicio eléctrico. Esta decisión obedece a una directriz emitida por el Ministerio de Ambiente y Energía, orientada a asegurar el cumplimiento de la normativa vigente.

La resolución fue comunicada oficialmente el 26 de diciembre de 2025 y establece que la empresa eléctrica acatará de manera obligatoria la disposición ministerial, incluso en aquellos cantones que mantenían convenios de recaudación y que no figuraban en el listado preliminar difundido en octubre.

Hasta el momento, el cobro de este rubro se realizaba a través de la planilla eléctrica como parte de acuerdos suscritos con varios municipios dentro del área de concesión de Emelnorte. Con la eliminación de este mecanismo, los gobiernos locales deberán implementar nuevas alternativas para recaudar la tasa correspondiente al servicio de recolección de desechos.

Para este año, el Municipio prevé implementar un ajuste en la tasa de recolección, como parte de la propuesta para eliminar el subsidio que actualmente cubre cerca del 80 % del costo real del servicio, beneficio que se ha mantenido por aproximadamente 20 años y que ha generado un significativo impacto en las finanzas municipales. Según explicó Diego Villalba, director de Medio Ambiente del GAD de Ibarra, mientras la recaudación anual por esta tasa bordea los 1,6 millones de dólares, la gestión integral de residuos sólidos demanda una inversión cercana a los 6,8 millones de dólares, diferencia que hasta ahora ha sido cubierta con recursos municipales. En este contexto, la eliminación del subsidio implicará un ajuste que deberá asumir la ciudadanía; sin embargo, el funcionario precisó que el incremento será mínimo, pasando de menos de un dólar mensual a aproximadamente 1,25 dólares por usuario, medida que permitirá sostener la operación del servicio y cubrir los costos de recolección, transferencia y disposición final.

En cuanto a la gestión de residuos sólidos, el cantón Ibarra cuenta actualmente con seis camiones recolectores que prestan servicio en las zonas urbana y rural; no obstante, la administración municipal proyecta destinar más de 1,5 millones de dólares este año para fortalecer el sistema de limpieza, inversión que incluye la adquisición de nuevos camiones recolectores, una barredora mecánica y contenedores para residuos.