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Imbabura patrulla con menos policías de los necesarios, según cifras oficiales

(Redacción Imbabura).- La rendición de cuentas 2025 de la Policía Nacional en Imbabura revela una brecha que impacta directamente en la seguridad: la provincia opera con menos uniformados de los que recomienda el estándar internacional.

Según los datos presentados, Imbabura tiene 469.879 habitantes. De un total de 1.033 efectivos, apenas 914 cumplen funciones preventivas, es decir, son los que realizan patrullaje en territorio.

Bajo el estándar de 300 policías por cada 100.000 habitantes, la provincia debería contar con al menos 1.380 agentes operativos. Sin embargo, actualmente hay 1.033 policías en funciones, lo que representa un déficit de 347 uniformados y reduce la cobertura a aproximadamente 225 por cada 100.000 habitantes.

Ciudad Blanca: menos de la mitad del personal necesario

El Distrito Ciudad Blanca, el más poblado, concentra 209.816 habitantes, pero cuenta con solo 297 policías operativos. Aplicando el estándar internacional, este sector debería tener cerca de 630 policías. La cifra actual representa menos del 50% del personal requerido, evidenciando una presión operativa constante.

Patrullaje extendido y respuesta limitada

Con una extensión cantonal de 1.093 km² y apenas 297 policías en funciones operativas, la carga territorial en el Distrito Ciudad Blanca resulta considerable: en promedio, cada uniformado tendría que cubrir cerca de 3,7 km². Sin embargo, en la práctica —debido a turnos, descansos y otras funciones— el número de agentes en calle se reduce significativamente, lo que puede elevar la cobertura a más de 10 km² por policía en servicio. Esto implica que un solo uniformado podría estar respondiendo en un radio cercano a los 2 kilómetros a la redonda, una distancia que limita el patrullaje preventivo y refleja cómo la falta de personal termina diluyendo la presencia policial en amplios sectores del cantón.

Poco personal para investigar

A esto se suma que solo 102 policías están en investigación y 17 en inteligencia. Lo que refleja una estructura enfocada en patrullaje, pero con limitaciones para enfrentar delitos complejos o estructuras criminales.

Las cifras oficiales muestran que Imbabura no solo enfrenta problemas de inseguridad, sino también una limitación de personal. Con menos policías de los necesarios en las calles, la provincia opera al límite de su capacidad, en un escenario donde la demanda de seguridad supera claramente los recursos disponibles.

Durante la visita del ministro Reimberg a Ibarra, el pasado 26 de marzo, se le consultó sobre el déficit de personal policial frente a una provincia con alta población. El funcionario aseguró que se incrementaría el número de efectivos y se reforzaría el parque automotor para mejorar la seguridad; sin embargo, hasta el momento no hay claridad sobre si este ofrecimiento se ha cumplido en los meses posteriores.

La creciente inseguridad pone en debate la efectividad de las acciones en Imbabura

(Redacción Imbabura).- A 100 días de su designación, la gestión del gobernador de Imbabura, Jorge Ortiz, empieza a ser objeto de análisis y cuestionamiento por parte de la ciudadanía.

El Gobierno Nacional lo nombró mediante decreto ejecutivo el 17 de diciembre de 2025, en reemplazo de Elsy Maité Landeta Sánchez, en un contexto complejo para la provincia: pérdidas económicas tras la paralización de octubre y un ambiente de descontento ciudadano frente a la administración anterior.

Ortiz, coronel en servicio pasivo del Ejército Ecuatoriano, llegó al cargo con un perfil enfocado en seguridad, control territorial y gestión pública. Bajo esa línea, su administración asegura haber impulsado varias acciones en este inicio de gestión.

Entre los principales anuncios oficiales se destacan la activación permanente de un Consejo Provincial de Seguridad Ciudadana, operativos de control migratorio y la intervención en la detección de cámaras ilegales en coordinación con el ECU 911. A esto se suman brigadas sociales en el marco del programa “El Nuevo Ecuador”, la entrega de kits agropecuarios, tractores y la implementación de reservorios para el sector agrícola, además de acciones de apoyo a comunidades vulnerables.

Sin embargo, más allá del discurso institucional, la percepción ciudadana parece ir en otra dirección. En lo que va del año, Imbabura ha registrado al menos ocho muertes vinculadas a hechos violentos, entre ellos casos de sicariato, desapariciones y asesinatos, lo que ha generado preocupación en distintos sectores de la provincia. En este contexto, el foco de la migración delincuencial se ha concentrado en Ibarra y Otavalo, donde se han reportado dos casos de doble sicariato en cada cantón.

A pesar de los operativos de control y de la activación de mesas de trabajo en seguridad —particularmente durante feriados—, los reportes ciudadanos reflejan una problemática persistente: la inseguridad continúa en el territorio. Modus operandi como los robos en motocicleta en Ibarra, los asaltos en la vía pública y los robos a locales comerciales se han vuelto recurrentes en el día a día. Este patrón mantiene en alerta a la población y evidencia una brecha entre las acciones anunciadas y la realidad que se vive en las calles.

Más de 9.600 policías dejaron la institución en cinco años

(Redacción Ecuador).- Ecuador no solo enfrenta una ofensiva sin precedentes del crimen organizado; también vive un debilitamiento interno de su fuerza policial. Mientras los homicidios y la violencia marcaron récords históricos, la Policía Nacional perdió a miles de sus integrantes más experimentados, en un fenómeno que avanza de forma silenciosa pero constante.

Entre 2020 y 2025, 9.608 policías solicitaron la baja voluntaria, una cifra que evidencia una crisis paralela dentro de la institución. El punto más crítico se registró en 2023, año que coincidió con el periodo más violento del país, cuando 3.053 uniformados decidieron abandonar el servicio activo.

Las cifras revelan una relación alarmante: durante ese mismo quinquenio, 698 policías murieron, lo que significa que por cada uniformado fallecido, casi 14 optaron por retirarse voluntariamente.

El comportamiento de las bajas no fue uniforme. En 2021, las salidas tocaron su nivel más bajo con 465 casos. Sin embargo, en 2022 se produjo un salto abrupto a 1.834 bajas, anticipando el colapso institucional que se evidenciaría al año siguiente. En 2023, Ecuador cerró con 8.004 asesinatos, y la Policía sufrió el mayor éxodo de su historia reciente.

Aunque en 2024 y 2025 las cifras descendieron a 1.887 y 1.493 bajas, respectivamente, el nivel de deserción sigue siendo muy superior al registrado antes de la pandemia, confirmando que el problema no ha sido superado.

Paradójicamente, este debilitamiento ocurre incluso cuando se intenta reforzar la fuerza pública. El 9 de junio de 2023, el entonces presidente Guillermo Lasso encabezó la graduación de 7.301 nuevos policías, una incorporación que no logró compensar la salida masiva de personal con años de experiencia.

Se van los más preparados

El impacto más grave no está en el número, sino en el perfil de quienes se van. Casi el 48% de las bajas corresponde a policías con entre 16 y 20 años de servicio (4.591 casos), es decir, cuadros formados, con liderazgo operativo y conocimiento del territorio. A ellos se suman 3.910 agentes con entre 21 y 25 años de trayectoria.

Detrás de las estadísticas hay historias marcadas por el miedo, el desgaste y la supervivencia. Uno de los casos es el de un Mayor del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) que operaba en Manta, quien solicitó su baja en 2023 tras perder compañeros y recibir amenazas directas del narcotráfico. Su proyecto de vida dentro de la institución terminó abruptamente, dejando atrás años de entrenamiento de élite que hoy ya no están al servicio del Estado.

Este tipo de salidas ha generado un efecto estructural: la Policía enfrenta una escasez de oficiales de alto rango. Actualmente, solo siete generales integran el Mando Institucional, pese a que existen 18 plazas previstas para dirigir unidades estratégicas y zonas críticas.

Quito lidera las bajas

La distribución geográfica de las salidas rompe varios supuestos. Quito concentra el mayor número de bajas voluntarias del país, con 2.589 casos entre 2020 y 2025. Le sigue la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) con 1.087 salidas, y la Zona 1 de la frontera norte —Esmeraldas, Carchi, Imbabura y Sucumbíos— con 1.205 casos.

En contraste, la Zona 2 (Napo, Orellana y el área rural de Pichincha) registra apenas 374 bajas, el nivel más bajo a escala nacional.

Al analizar provincias específicas, el impacto de la violencia territorial es evidente. Manabí perdió 663 policías, Los Ríos registró 545 bajas, y Esmeraldas vio salir a 449 uniformados, todas zonas fuertemente afectadas por el narcotráfico y el crimen organizado.

Por otro lado, un informe técnico revela una grave desigualdad en la distribución de la Policía Nacional: mientras Quito concentra un excedente de más de 7.000 agentes en relación con su población y nivel delictivo, provincias como Guayas y Los Ríos —epicentros de la violencia criminal y el narcotráfico— operan con un déficit de personal para enfrentar la inseguridad.

Un problema que continúa en 2026

Para el inicio de 2026, ya existen 124 solicitudes de baja en trámite, bajo la figura de “pendiente entrega de requisitos”. Ante este escenario, la institución ha empezado a aplicar filtros más estrictos: en 2025, por primera vez en el quinquenio, 23 solicitudes fueron negadas por incumplimiento del reglamento de carrera o bajo la figura de negativa temporal.

Mientras la ciudadanía exige mayor presencia policial y resultados frente a la delincuencia, la Policía Nacional enfrenta una batalla interna por retener a su personal clave. Menos experiencia en las filas significa menos capacidad operativa, en un contexto donde la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones del país.

El kilómetro 114 de El Guadual, una carretera en emergencia desde 2021 que sigue cobrando vidas

(Redacción Imbabura).- Desde diciembre de 2021, el kilómetro 114 del sector El Guadual, parroquia La Carolina, cantón Ibarra, quedó afectado por fuertes deslizamientos asociados a la temporada invernal. Desde entonces, la inestabilidad del talud, la pérdida progresiva de la calzada y la falta de una rehabilitación definitiva han convertido este punto en uno de los más peligrosos de la ruta hacia San Lorenzo.

En julio de 2024, un vehículo perdió pista y cayó hacia el río con cinco personas a bordo, todas oriundas de Ibarra. En aquel siniestro murieron Jorge Vásquez Rubio, Mateo Rubio y Marcelo Torres, quienes salieron despedidos del automóvil y quedaron entre las rocas, mientras que otras dos personas resultaron gravemente heridas. Apenas un mes después, en agosto del mismo año, la tragedia volvió a repetirse en el kilómetro 114 cuando otro vehículo se volcó y su único ocupante fue hallado atrapado en el interior y sin signos vitales. Aquellos hechos ya encendían alertas sobre el peligro mortal de este tramo; sin embargo, la situación alcanzó su punto más crítico este viernes, cuando un grupo de seis personas retornaba de una peregrinación desde Quito. El vehículo en el que viajaban, un Trooper color café, cayó al abismo; cuatro ocupantes murieron en el lugar, una persona logró sobrevivir en estado crítico y este lunes fue localizado el cuerpo del último pasajero, arrastrado por la fuerza del río Mira hasta una zona de difícil acceso cercana a San Juan de Las Lachas, donde apareció atrapado entre ramas y sedimentos.

En un periodo que abarca desde julio de 2024 hasta noviembre de 2025, este tramo de la vía ha registrado al menos nueve muertes y tres heridos graves, una cifra alarmante que revela una ruta donde los vehículos se convierten en presas del abismo y derrumbes permanentes de la montaña. De acuerdo con información manejada por nuestra redacción, el número real de víctimas podría ser incluso mayor, pues existen reportes de accidentes que jamás llegaron a instancias oficiales. La preocupación es constante entre transportistas, comunidades rurales, viajeros y organismos de socorro que se ven obligados a utilizar esta vía indispensable que une la Sierra norte con la Costa ecuatoriana.

A pesar de los anuncios de supuestas intervenciones emergentes, la realidad es que no existe una solución definitiva por parte de las autoridades. El kilómetro 114 continúa siendo un tramo inestable y mortal, y cada día quienes se ven obligados a transitar por esta vía juegan con la posibilidad de no regresar a casa.

Feriado dejó resultados moderados para la economía de Imbabura

(Redacción Imbabura).- El reciente feriado nacional dejó un balance mixto para Imbabura. Si bien hubo un incremento en el flujo de visitantes y cierta recuperación en la ocupación hotelera, los resultados económicos aún se mantienen por debajo de las expectativas del sector.

De acuerdo con la portavoz del Gobierno Nacional, Imbabura experimentó un crecimiento del 6,4% en reactivación económica y un repunte de la ocupación turística al 38,6%, frente al 31,3% registrado en 2024. Además, se contabilizaron 33.400 viajes (un aumento del 5%) con un gasto turístico total de 1,84 millones de dólares.

Durante los cuatro días de descanso, la exoneración del cobro en peajes estatales de San Roque y Ambuquí facilitó la movilidad en la provincia, impulsando un movimiento constante en carreteras y terminales. En destinos como Zuleta, Peguche, San Pablo, Cuicocha, Yahuarcocha y Chachimbiro, se registró una afluencia visible de turistas, especialmente de familias ecuatorianas que aprovecharon el feriado para viajar por carretera.

Las actividades culturales, artísticas, deportivas y gastronómicas desarrolladas en Ibarra, Cotacachi, Otavalo y Antonio Ante formaron parte de una amplia agenda que atrajo a cientos de visitantes. No obstante, el balance general fue irregular, ya que algunos sectores reportaron cifras alentadoras, mientras otros mantienen una visión realista.

El sector hotelero informó de una ocupación superior al 80% en varios establecimientos de Ibarra y Cotacachi, aunque en Otavalo la Plaza de los Ponchos lució con menos movimiento de lo esperado. Comerciantes de artesanías y textiles aseguraron que las ventas apenas alcanzaron un 30% de un feriado normal, evidenciando que la recuperación aún es parcial.

En conjunto, el feriado dejó señales de una leve recuperación, pero aún está lejos de compensar el impacto económico que arrastra la provincia. Las pérdidas derivadas del paro indígena, que según el Ministerio de Turismo bordea los 60 millones de dólares, siguen siendo un desafío para Imbabura.

Quemas agrícolas, la principal causa de los incendios forestales en Ibarra

(Redacción Ibarra).- Según datos oficiales del Cuerpo de Bomberos de Ibarra, en lo que va del 2025 se han consumido 106 hectáreas de cobertura vegetal a causa de incendios forestales, lo que representa la cifra más baja de los últimos años.

El contraste con el 2024 es significativo: entre agosto y septiembre del año pasado se reportaron 167 eventos que devastaron más de 754 hectáreas, lo que demuestra un avance importante en la reducción de afectaciones.

Sin embargo, las autoridades advierten que, a pesar de las condiciones climáticas adversas —sequías, olas de calor, fuertes vientos y escasa precipitación—, la mayoría de los incendios actuales siguen siendo consecuencia de quemas agrícolas, una práctica que continúa poniendo en riesgo los bosques, la fauna silvestre y la seguridad de la población.

En el balance del 2025, el Cuerpo de Bomberos aclaró que no se han registrado incendios por negligencia humana en fogatas, colillas de cigarrillo, elementos refractarios ni actos piromaniacos, lo que resalta la necesidad de reforzar el control y la concienciación en torno al uso del fuego en labores agrícolas.

Motociclistas, los principales protagonistas en las cifras de accidentes viales

(Redacción Imbabura).- En la mancomunidad de la región norte, el irrespeto a las señales de tránsito sigue siendo una de las principales causas de siniestralidad vial. A nuestra redacción llegan periódicamente reportes ciudadanos sobre motociclistas que no respetan las señales de tránsito, generando intranquilidad entre los conductores. Según manifiestan, muchos motociclistas ignoran semáforos en rojo, no utilizan las direccionales al cambiar de carril y se cruzan entre autos de forma peligrosa. “El otro día, un motociclista se me atravesó sin frenar en una intersección y casi lo atropello. Si no hubiera estado atento, terminábamos en accidente”, relató Daniel Muñoz, conductor particular.

Según información proporcionada por la Empresa Pública de Movilidad del Norte (MOVIDELNOR-EP), el 54% de los accidentes registrados este año (19 casos) han sido ocasionados por no acatar señales como pares o semáforos. Aunque la cifra sigue siendo alta, representa una disminución en comparación con el mismo periodo del año pasado, cuando se reportaron 64 accidentes por causas similares.

Por otro lado, los vehículos particulares han protagonizado 27 siniestros en lo que va del año, de los cuales 13 (48%) también fueron causados por el irrespeto a la señalización vial, lo que evidencia un patrón preocupante de desobediencia en la vía.

En el caso de los scooters y motos eléctricas, se han registrado 6 accidentes en estos primeros cinco meses del año, relacionados especialmente con la falta de distancia entre vehículos, una infracción que compromete tanto a conductores como a peatones.

Al respecto, varios ciudadanos han expresado su inquietud por la circulación imprudente de scooters eléctricos, señalando que muchos usuarios se movilizan a altas velocidades y sin ningún tipo de protección como cascos o indumentaria reflectiva. “Conducen como si fuera una motocicleta, pero sin casco ni respeto por las normas. Es un peligro para todos”, comentó Sergio Rodriguez, vecino del sector El Olivo, en Ibarra.

Inseguridad en Ibarra evidencia la urgencia en las reformas penales propuestas por Noboa

(Redacción Imbabura).-Ecuador atraviesa una de las peores crisis de seguridad de su historia. Solo en los primeros cinco meses de 2025, el país ha registrado un promedio de un asesinato por hora, según cifras oficiales del Ministerio del Interior. De enero a abril se han contabilizado 3.087 muertes violentas, lo que representa un incremento del 58 % en comparación con el mismo período del año anterior.

Enero y febrero sumaron 1.530 homicidios, mientras que marzo y abril registraron 831 y 726 asesinatos, respectivamente. Las cifras convierten este periodo en el más violento jamás registrado en el país.

A pesar de los operativos conjuntos entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, la violencia continúa escalando. Ciudades de la Costa ecuatoriana, varios sectores de la Sierra y zonas urbanas que antes eran consideradas tranquilas, como Ibarra, también han sido alcanzadas por esta ola delictiva.

En la capital imbabureña, la percepción de inseguridad ha crecido significativamente. La ciudadanía reporta un incremento de los delitos de oportunidad, como robos a domicilios y asaltos a personas en la vía pública, especialmente en zonas con escasa iluminación y sin presencia policial. Los antisociales, a bordo de motocicletas, aprovechan la falta de patrullaje para cometer estos robos. En sectores como Miravalle y Los Huertos Familiares, se registran hasta tres robos por semana según los reportes ingresados a nuestra redacción.

Frente a este panorama, el presidente Daniel Noboa envió el pasado 17 de mayo su primer proyecto de ley a la nueva Asamblea Nacional. Bajo el nombre de “Ley Orgánica para Desarticular la Economía Criminal Vinculada al Conflicto Armado Interno”, la iniciativa busca golpear las finanzas de los grupos delincuenciales, atacando directamente el poder económico del crimen organizado.

La propuesta, calificada como urgente en materia económica, implica reformas al Código Orgánico Integral Penal y otros cuerpos legales. Los asambleístas tienen un plazo de 30 días para tramitarla.

El texto legal propone medidas tributarias, financieras y de seguridad con el objetivo de “proteger a la ciudadanía, estabilizar el sistema económico y reactivar zonas afectadas por el crimen organizado”.

El crecimiento del narcotráfico y la presencia de bandas delincuenciales han profundizado la crisis. Noboa enfrenta el mayor reto de su mandato: recuperar el control territorial y restablecer la seguridad del país.

Imbabura exige atención urgente en tres ejes clave que deben ser asumidos con decisión por la presidencia

(Redacción Imbabura).- Una vez posesionado el gobierno de Daniel Noboa el próximo 24 de mayo, los retos a los que se enfrentaría su gobierno en la provincia de Imbabura son claros: vialidad, seguridad y empleo. Estos temas concentran la atención de autoridades locales y ciudadanos, quienes esperan que el nuevo gobierno cumpla con los ofrecimientos adquiridos durante la campaña y atienda las demandas de la provincia.

Vialidad:

El paso lateral de Ibarra: Una obra iniciada en 2013 y paralizada desde 2014 por falta de recursos sigue inconclusa más de una década después. Su construcción fue planificada con el objetivo de descongestionar el tránsito en zonas céntricas de la ciudad y facilitar la movilidad hacia las provincias de Imbabura, Carchi y Esmeraldas.

Durante la campaña presidencial de 2025, el ahora presidente Daniel Noboa ofreció retomar y culminar esta vía estratégica. En 2023, se estimaba que completar la obra costaría alrededor de 65 millones de dólares; sin embargo, en 2025, considerando la variación de precios y el incremento en los costos de materiales e insumos, se calcula que el valor podría ascender a unos 80 millones. A pesar de su importancia para la región, hasta hoy no se ha registrado ningún avance significativo y ningún gobierno ha logrado superar lo construido hace ya diez años.

Vía RVE10, kilómetro 114, sector El Guadual: Se mantiene como uno de los tramos más críticos de la carretera Ibarra–San Lorenzo, que conecta las provincias de Imbabura y Esmeraldas. En diciembre de 2021, un derrumbe destruyó gran parte de la mesa de la vía, inhabilitando completamente el paso vehicular y dejando aisladas a varias comunidades de la zona.

A pesar de múltiples anuncios y compromisos, como la fallida propuesta de construir un puente Bailey, la ejecución de un camino piloto que nunca se concluyó y un contrato firmado en 2023 para una variante con un puente definitivo, adjudicado por USD 3’572.941 (sin IVA), a cargo de la empresa PATE C.A. y con supervisión técnica de IPH Pablo Herrera, con plazo de entrega para el mismo año, la obra nunca se ejecutó. Problemas técnicos, la presencia de una falla geológica, deficiencias en la planificación, trabas administrativas y acciones legales entre contratistas han impedido su avance. Hasta hoy, ni los gobiernos anteriores ni el actual han logrado concretar una solución estructural para este tramo crítico de la vía.

La Ing. Carla Acosta, directora distrital del MTOP en Imbabura, confirmó en rueda de prensa que la vía RVE10, desde Salinas hasta Lita, continúa siendo un punto crítico sin intervención definitiva, afectado por deslizamientos constantes agravados por la pasada temporada invernal. A este se suma otro tramo conflictivo en el sector de Palacara, afectado por socavamiento. Ambos puntos cuentan únicamente con señalización preventiva, sin que hasta ahora se ejecuten obras que garanticen una solución de largo plazo y que además esperan desde el 2021 una solución definitiva.

Seguridad ciudadana: La creciente percepción de inseguridad, el avance del microtráfico y el aumento de la delincuencia exigen una intervención urgente y sostenida en todo el país, especialmente en provincias como Imbabura. Se requiere reforzar la presencia policial, implementar sistemas de videovigilancia, intensificar el patrullaje coordinado y aplicar políticas de prevención con énfasis en entornos escolares y comunitarios. Aunque en 2024 Ecuador registró una tasa de 38,76 muertes violentas por cada 100.000 habitantes —una reducción de 7,42 puntos frente a 2023—, los datos del Ministerio del Interior revelan que solo en el primer trimestre de 2025 se contabilizaron 2.361 homicidios, de los cuales 831 ocurrieron en marzo. Estas cifras reflejan una violencia persistente a nivel nacional, que obliga al Gobierno a actuar con firmeza en todos los territorios, incluyendo a Imbabura, donde la ciudadanía demanda respuestas inmediatas.

Reducción de la pobreza y generación de empleo: Imbabura necesita políticas integrales para disminuir brechas de desigualdad. Fomentar el empleo juvenil, fortalecer emprendimientos rurales y abrir oportunidades en sectores como el agro, el turismo y la economía popular son urgencias que no pueden postergarse. Según datos del INEC de 2024, la provincia de Imbabura registró el 3,8% de desempleo, y solo el 29,1% de su población tenía acceso a un empleo adecuado. El subempleo se posicionó en el 19,9% y el 55,1% permaneció en la informalidad.

Para el presidente Daniel Noboa, enfrentar los problemas que arrastra Imbabura —como la inseguridad, la falta de empleo y el abandono de obras viales estratégicas— no solo representa un reto técnico, político y financiero, sino también una oportunidad clave para recuperar la confianza ciudadana. Atender estas tres áreas de forma articulada permitiría dinamizar la economía local, mejorar la movilidad y fortalecer la seguridad en una provincia que lleva años esperando respuestas concretas.

Ecuador ha tenido 5 procesos electorales en menos de 2 años ¿Cuál fue el costo de estos procesos?

(Redacción Ecuador).- Este domingo 09 de febrero los ecuatorianos volveremos nuevamente a las urnas para elegir, presidente, vicepresidente, asambleístas nacionales y provinciales, así como también parlamentarios andinos. Pero, las elecciones en Ecuador se han vuelto repetitivas que, en estos últimos 2 años, hemos ido a votar en 5 oportunidades.

Estos constantes llamados a elecciones representan un gasto significativo de dinero para el estado, que nos hacen preguntar ¿Qué se pudo haber hecho con estos recursos en beneficio del país?

Revisaremos a continuación los costos de los 5 procesos electorales y su impacto en la economía del país.

1.- Elecciones seccionales 2023 (5 de febrero): Se eligieron 23 prefectos, 23 vice prefectos, 221 alcaldes, 868 concejales urbanos, 437 concejales rurales y 4,084 vocales principales de las juntas parroquiales. Ese mismo día tuvo lugar un Referéndum constitucional con ocho preguntas, planteadas por el Gobierno de Guillermo Lasso, el costo de este proceso electoral fue de 100 millones de dólares.

En mayo del 2024, Lasso escogió el camino de la Muerte Cruzada, con la que acortaba su periodo y nuevamente se debían a convocar a elecciones.  

2.- Elecciones Generales Anticipadas de 2023 primera vuelta (20 de agosto): se eligió presidente, vicepresidente y asambleístas, además nuevamente fuimos consultados en temas relacionados a la explotación petrolera en Parque nacional Yasuní. Este proceso en primera vuelta costó 90 millones de dólares.

3.- Elecciones Generales Anticipadas de 2023 segunda vuelta (15 de octubre): Daniel Noboa resultó electo presidente, convirtiéndose en el mandatario más joven en la historia del país, quien llegaba a completar el periodo que dejó Guillermo Lasso, el costo del proceso electoral fue de 30 millones de dólares.

4.- Consulta popular de 2024 (21 de abril): La papeleta de votación constó de once preguntas para que los votantes puedan aprobar o rechazar sobre temas de importancia nacional, referentes a la seguridad, la justicia y el confiscarles los bienes a las personas vinculadas a los delitos de corrupción, tráfico de drogas entre otras.  Esta Consulta Popular, costó 25 millones de dólares

5.- Elecciones Presidenciales 2025 primera vuelta (09 de febrero): Los ecuatorianos elegiremos en las urnas a presidente y vicepresidente, 5 representantes al Parlamento Andino y a los 151 representantes a la Asamblea Nacional para el periodo 2025-2029, el costo de este proceso electoral es de 61 millones de dólares, en el caso de que uno de los dos candidatos obtenga más del 50.1% de votos totales o una diferencia del 10% ante su competidor más cercano, se podrá declarar la victoria presidencial en una sola vuelta, evitando que los ecuatorianos volvamos a las urnas el 31 de abril del 2025.

En el caso de que no se genere esta brecha, se realizarán las elecciones en segunda vuelta con un costo de 30 millones de dólares.

En resumidas cuentas, si sumamos los diferentes montos destinados para los cinco procesos electores, tres en 2023, uno en 2024 y el actual proceso que se llevará a cabo el 9 de febrero, se han gastado 306 millones de dólares.

Según datos del CNE, el padrón electoral promedio entre todas las elecciones ha sido de 13 millones de votantes, tomando en referencia el último corte de padrón electoral de este año 2025, seremos 13 736 314 millones de votantes lo que significa que cada votante aportó $22.23 en estos procesos electorales.

El costo de la democracia a los ecuatorianos nos ha pasado una factura bastante grande, la inestabilidad política ha generado un gasto extra en el presupuesto general del estado, que no estaba considerado.  

Con estos $306 millones en salud se podrían haber construido aproximadamente 8 hospitales modernos con un presupuesto de 33 millones cada uno, adquisición de 1,748 mil ambulancias tipo 1 con un costo de 175,000 dólares por unidad.

En educación, se podrían otorgar más de 382,500 becas de estudio por un valor anual de 800 dólares, en obra pública, se podrían construir más de 204 km de vías, con un costo de 1,5 millones por km de construcción.

Se podría construir una hidroeléctrica como la de Manduriacu, que genere alrededor de 65MW y con esto prevenir una nueva crisis energética con un costo aproximado de 223 millones de dólares.

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