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La justicia reconoce al río El Tejar en Otavalo como sujeto de derechos y obliga a remediación ambiental

(Redacción Otavalo).- En el marco de la acción de protección presentada a favor de la conservación del río El Tejar, causa N.º 10282-2024-00138, se inició un proceso judicial que marcó un antes y un después en la defensa ambiental del cantón Otavalo. La demanda fue impulsada a finales de 2024 por dirigentes barriales, entre ellos representantes del barrio Los Portales, y el colectivo Unidos por la Pacha Mama, quienes denunciaron la constante contaminación del afluente y la inacción institucional frente a las descargas de aguas servidas.

Durante la audiencia desarrollada el 1 de mayo de 2024, la Procuraduría del Municipio de Otavalo aseguró que no existía contaminación en el río, mientras que la Empresa Pública Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Otavalo (EMAPAO) sostuvo que, de existir, los niveles serían “aceptables”. Ante estas afirmaciones, el juez constitucional resolvió suspender la audiencia y dispuso la práctica de dos diligencias clave: una inspección judicial para constatar de manera directa el estado del cauce y un análisis químico exhaustivo de las aguas, con el fin de determinar el grado real de contaminación.

El proceso avanzó y, en febrero de 2025, la Corte Provincial de Justicia de Imbabura ratificó la sentencia que declaró al río El Tejar sujeto de derechos, determinando responsabilidades directas del Municipio de Otavalo y de la Empresa Pública Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Otavalo por negligencia prolongada en el manejo del sistema de alcantarillado y el control de descargas contaminantes. El fallo ordenó medidas de reparación integral a corto, mediano y largo plazo, así como disculpas públicas por décadas de omisiones.

El origen estructural del problema se remonta a 2010, cuando se formuló el proyecto para la construcción de los colectores marginales del interceptor del río El Tejar (margen derecho) y la primera etapa del sistema de tratamiento de aguas servidas para la ciudad de Otavalo. Esta obra, concebida para captar las descargas del casco urbano y evitar que las aguas residuales se viertan directamente al cauce, quedó inconclusa hace más de catorce años. En febrero de 2025 se destinaron aproximadamente 45 mil dólares para actualizar los estudios orientados a la construcción de los colectores marginales y a la segunda etapa del tratamiento de aguas servidas. No obstante, un año después no se concretó la contratación correspondiente, lo que, según los accionantes, implicó un año adicional de contaminación continua. En noviembre de 2025, mediante consulta formal, se solicitó al Municipio la certificación de incorporación presupuestaria en la proforma 2026 para la construcción del sistema de colectores. La respuesta municipal detalló asignaciones para monitoreos ambientales, la adquisición de un dron con licencias y certificaciones por 12 mil dólares y la contratación de servicios profesionales para educación ambiental por 10.846 dólares; sin embargo, no precisó recursos destinados directamente a la construcción de los colectores marginales, infraestructura considerada esencial para frenar las descargas contaminantes.

En 2010 se estimó para la primera etapa una inversión de 7 millones de dólares; sin embargo, ante la limitada capacidad de endeudamiento, se asignaron únicamente 2 millones. Para 2025 debía haberse completado dicha inversión, pero actualmente se calcula que se requerirían alrededor de 7 millones de dólares para ejecutar integralmente el sistema.

El 31 de diciembre de 2025, dentro de la misma causa, el juez constitucional recordó a las entidades accionadas que el 13 de marzo de 2026 debían presentar los resultados correspondientes a las medidas de corto plazo, advirtiendo que, de no hacerlo, el despacho judicial aplicaría las facultades coercitivas previstas en el Código Orgánico de la Función Judicial. En el sector de El Batán se tomaron muestras por parte del GAD y EMAPAO para demostrar técnicamente que la calidad del agua había mejorado.

Desde mediados de enero de 2026 se ejecutaron trabajos de limpieza y mantenimiento de pozos de revisión y alcantarillado en varios sectores de la ciudad. El 9 de febrero se intervino el denominado punto Z2, en las calles Ricaurte y Colón, sector El Batán, donde se realizó limpieza de rejillas, sumideros y pozos, además de redireccionar aguas servidas hacia la Planta de Tratamiento La Fuente de la Salud, ubicada en el sector San Eloy. Previamente, se había intervenido el sistema de aguas residuales del mercado 24 de Mayo.

El 22 de febrero de 2026, EMAPAO anunció la culminación de las intervenciones técnicas orientadas a eliminar las descargas directas en cinco zonas específicas: Segundo Castro, Abdón Calderón, Antonio Ricaurte, Cristóbal Colón y la avenida Luis Cisneros. Se ejecutaron nuevas interconexiones, mantenimiento de colectores, adecuación de estructuras pluviales y actualización del catastro de redes. Según declaraciones oficiales, la Alcaldía destinó más de 640 mil dólares para estos trabajos, cuyo plazo concluía el 13 de marzo de 2026, fecha en la que debía justificarse judicialmente la descontaminación del cauce en El Batán.

La sentencia también dispuso la elaboración de una planificación complementaria con participación ciudadana para la protección y recuperación del río, así como la proyección de un parque lineal en la quebrada El Tejar. Paralelamente, se encuentra en fase precontractual la consultoría para el rediseño y actualización de los estudios definitivos de alcantarillado mixto, encauzamiento de aguas y protección de laderas.

Con la declaratoria de sujeto de derechos y el seguimiento judicial permanente, el río El Tejar deja de depender únicamente de decisiones administrativas y pasa a estar amparado por una obligación legal de cumplimiento obligatorio. El proceso, que inició con la negación de la contaminación y avanzó hacia la constatación técnica y la imposición de medidas estructurales, marca un precedente en la defensa ambiental del cantón y mantiene bajo vigilancia el cumplimiento efectivo de las obras que, por más de una década, quedaron pendientes.

El canal que se volvió cuello de botella: el embovedamiento del Ajaví ya no da abasto

(Redacción Imbabura).– Construido hace 35 años como la solución principal para el drenaje urbano de Ibarra, el colector del canal Ajaví, un embovedado rectangular de 1,80 x 1,80 metros y 2,25 kilómetros de longitud y construido en hormigón armado, fue ejecutado en 1989, durante la administración del entonces alcalde Alfonso Pasquel. Esta infraestructura se levantó sobre el antiguo cauce natural del río Ajaví, y hoy sigue siendo el principal sistema de evacuación de aguas residuales, escorrentía superficial e infiltración urbana de la ciudad, canalizando más del 42,26% del volumen total hacia el río Tahuando.

A este colector confluyen las quebradas Las Flores y Grande por el suroeste, y la quebrada San Clemente por el este, lo que incrementa significativamente su caudal y el riesgo de colapsos. Como refuerzo, se implementó un colector fluvial, situado 500 metros aguas arriba, con función exclusiva para evacuar aguas lluvias, que inicia en la Av. Camilo Ponce, gira por la Av. Heleodoro Ayala Ayala y se encausa en la Av. Mariano Acosta.

Sin embargo, la expansión de la frontera urbana y la modificación del uso de suelo han sobrepasado la capacidad operativa del sistema. Las consecuencias son evidentes: inundaciones cada vez más frecuentes, sectores vulnerables y una infraestructura que ya no responde a las necesidades actuales de la ciudad. A lo largo de los años, y remontándonos al menos dos décadas atrás, los eventos de inundación vinculados al colector del río Ajaví se han convertido en una constante en la ciudad de Ibarra. En abril de 2007 ya se reportaban anegamientos provocados por lluvias intensas en varios puntos del casco urbano, incluyendo este sector.

En octubre de 2008, el Cuerpo de Bomberos de Ibarra identificó más de 10 zonas vulnerables a inundaciones, entre ellas el barrio Pilanqui y el redondel de la Madre. Posteriormente, en 2011, un evento crítico dejó cerca de 20 cuadras del barrio Pilanqui completamente inundadas, afectando viviendas, talleres de muebles y varios comercios locales.

La situación continuó agravándose: en abril de 2018, las lluvias volvieron a generar colapsos parciales en el sistema de drenaje; le siguieron nuevos episodios en marzo de 2019, noviembre de 2020, marzo de 2021, marzo y abril de 2022. Más recientemente, el 23 de febrero de 2023, varios negocios aledaños al redondel de Ajaví sufrieron nuevamente pérdidas económicas considerables a causa de las inundaciones y en abril de 2024 ocurrió nuevamente.

La madrugada de ayer, según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), las precipitaciones alcanzaron los 40,8 mm, consolidándose como las lluvias más intensas en lo que va del año en la ciudad de Ibarra, provocando nuevamente el desbordamiento del colector del río Ajaví a la altura de la intersección entre la avenida Mariano Acosta y la calle Heleodoro Ayala, afectando a más de 12 cuadras.

El denominador común en todos los eventos de inundación en Ibarra ha sido el mismo: el desbordamiento del río Ajaví y la ineficiencia de un colector que, tras 35 años, ya no responde a las necesidades de una ciudad en expansión. Desde la hidrología urbana, el Ajaví carecía de una salida natural eficiente hacia el Tahuando, y en una ciudad cada vez más impermeabilizada, el embovedamiento se consideró una solución técnica válida en su momento.

Sin embargo, el Ing. Pedro Romero, experto en hidráulica fluvial, advierte: “Fue una medida inevitable, pero no sostenible en el tiempo si no se acompaña de mantenimiento, ampliación y educación ciudadana. El agua siempre buscará su camino, y si el canal es insuficiente o está cerrado, lo sobrepasará”.

Romero además subraya que el problema de fondo es la falta de planificación integral en una ciudad con expansión desordenada,“Si el Ajaví hubiese conservado su cauce natural, con una franja de protección y diseño hidráulico-natural, como lo hacen las ciudades con infraestructura verde, no habría sido necesario embovedarlo. Hoy, existen estudios y modelos de fluidos que permiten gestionar el agua sin ocultarla bajo concreto”.