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Ante el crecimiento de autos eléctricos, Cuerpo de Bomberos de Ibarra refuerza su preparación en protocolos de emergencia

(Redacción Ibarra).- El Cuerpo de Bomberos de Ibarra avanza en su proceso de modernización operativa mediante la implementación de protocolos especializados para la atención de emergencias con vehículos híbridos y eléctricos. Esta iniciativa se fortaleció con una capacitación desarrollada el 30 y 31 de marzo en las instalaciones de KIA matriz, en Quito, donde participaron 25 efectivos operativos.

Durante la formación, los bomberos adquirieron conocimientos técnicos sobre la arquitectura de estos automotores, diferenciando entre sistemas híbridos, híbridos enchufables y totalmente eléctricos. Además, se abordó la identificación de componentes de alto voltaje, circuitos energizados y zonas de riesgo, así como el comportamiento de las baterías de ion litio ante impactos, deformaciones o exposición a altas temperaturas.

Especialistas señalaron que, aunque estos vehículos cuentan con altos estándares de seguridad y presentan bajos niveles de riesgo en condiciones normales, existen factores externos que pueden generar situaciones críticas que requieren una intervención especializada.

En el ámbito operativo, se socializaron protocolos que incluyen la evaluación de la escena, la identificación del tipo de vehículo, su estabilización y la delimitación de zonas seguras. Uno de los aspectos clave es la desenergización del sistema eléctrico de alto voltaje mediante puntos de corte definidos por el fabricante, así como la desconexión de la batería auxiliar.

Asimismo, se enfatizó el uso de equipos de protección personal dieléctricos y herramientas aisladas para reducir el riesgo de descargas eléctricas durante las intervenciones. En casos de incendio, se abordaron técnicas específicas como el enfriamiento prolongado de baterías, el monitoreo térmico constante y el manejo del incidente bajo criterios de materiales peligrosos.

Con este proceso, la institución busca fortalecer su capacidad de respuesta ante nuevas tecnologías en el parque automotor, garantizando intervenciones más seguras, técnicas y eficientes frente a emergencias.

220 mil personas mejoraron sus condiciones de vida en Ecuador según datos del INEC

(Redacción Ecuador).- El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) informó que la pobreza extrema en Ecuador bajó al 10,4 % a nivel nacional en junio de 2025, lo que representa que alrededor de 220 mil personas han salido de esta condición en el último año. Según el informe, en las zonas urbanas la pobreza extrema disminuyó al 3,5 %, mientras que en áreas rurales se mantiene elevada, con un 25,1 %, lo que significa que una de cada cuatro personas en el campo vive en condiciones de extrema precariedad.

Pese a la aparente mejora, el propio INEC señaló que no existe una diferencia estadísticamente significativa con respecto a junio de 2024, lo que evidencia que el cambio es leve y no representa una transformación estructural en las condiciones de vida de los ecuatorianos más vulnerables.

En contraste con los datos oficiales, ciudadanos en distintas partes de la provincia expresan que la realidad económica cotidiana sigue siendo compleja. En recorridos realizados en Ibarra, Cotacachi y Otavalo, se constata un aumento del comercio informal, empleos por horas y una creciente dificultad para cubrir el costo de la canasta básica. Muchas personas indican que, aunque no se consideren dentro del umbral de pobreza extrema, sus ingresos han disminuido y sus condiciones laborales se han precarizado.

“Los datos pueden decir que hay menos pobreza, pero en mi barrio cada vez hay más gente vendiendo en las calles o buscando trabajo”, señala Silvia Aguirre, madre de familia oriunda de la ciudad de Ibarra. Este tipo de testimonios refleja una desconexión entre las cifras oficiales y la percepción ciudadana, que se inclina más hacia la incertidumbre económica y la inestabilidad laboral.

Mientras tanto, algunos analistas económicos advierten que la mejora registrada por el INEC, aunque positiva, podría ser frágil y desigual. El empleo adecuado sigue estancado y la informalidad laboral supera el 55 %, lo que impide que amplios sectores de la población accedan a una seguridad económica sostenida. Aseguran que, sin políticas públicas orientadas a la generación de empleo formal y a la redistribución efectiva de la riqueza, los avances podrían revertirse con facilidad.