El canal que se volvió cuello de botella: el embovedamiento del Ajaví ya no da abasto

(Redacción Imbabura).– Construido hace 35 años como la solución principal para el drenaje urbano de Ibarra, el colector del canal Ajaví, un embovedado rectangular de 1,80 x 1,80 metros y 2,25 kilómetros de longitud y construido en hormigón armado, fue ejecutado en 1989, durante la administración del entonces alcalde Alfonso Pasquel. Esta infraestructura se levantó sobre el antiguo cauce natural del río Ajaví, y hoy sigue siendo el principal sistema de evacuación de aguas residuales, escorrentía superficial e infiltración urbana de la ciudad, canalizando más del 42,26% del volumen total hacia el río Tahuando.
A este colector confluyen las quebradas Las Flores y Grande por el suroeste, y la quebrada San Clemente por el este, lo que incrementa significativamente su caudal y el riesgo de colapsos. Como refuerzo, se implementó un colector fluvial, situado 500 metros aguas arriba, con función exclusiva para evacuar aguas lluvias, que inicia en la Av. Camilo Ponce, gira por la Av. Heleodoro Ayala Ayala y se encausa en la Av. Mariano Acosta.
Sin embargo, la expansión de la frontera urbana y la modificación del uso de suelo han sobrepasado la capacidad operativa del sistema. Las consecuencias son evidentes: inundaciones cada vez más frecuentes, sectores vulnerables y una infraestructura que ya no responde a las necesidades actuales de la ciudad. A lo largo de los años, y remontándonos al menos dos décadas atrás, los eventos de inundación vinculados al colector del río Ajaví se han convertido en una constante en la ciudad de Ibarra. En abril de 2007 ya se reportaban anegamientos provocados por lluvias intensas en varios puntos del casco urbano, incluyendo este sector.
En octubre de 2008, el Cuerpo de Bomberos de Ibarra identificó más de 10 zonas vulnerables a inundaciones, entre ellas el barrio Pilanqui y el redondel de la Madre. Posteriormente, en 2011, un evento crítico dejó cerca de 20 cuadras del barrio Pilanqui completamente inundadas, afectando viviendas, talleres de muebles y varios comercios locales.
La situación continuó agravándose: en abril de 2018, las lluvias volvieron a generar colapsos parciales en el sistema de drenaje; le siguieron nuevos episodios en marzo de 2019, noviembre de 2020, marzo de 2021, marzo y abril de 2022. Más recientemente, el 23 de febrero de 2023, varios negocios aledaños al redondel de Ajaví sufrieron nuevamente pérdidas económicas considerables a causa de las inundaciones y en abril de 2024 ocurrió nuevamente.
La madrugada de ayer, según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), las precipitaciones alcanzaron los 40,8 mm, consolidándose como las lluvias más intensas en lo que va del año en la ciudad de Ibarra, provocando nuevamente el desbordamiento del colector del río Ajaví a la altura de la intersección entre la avenida Mariano Acosta y la calle Heleodoro Ayala, afectando a más de 12 cuadras.
El denominador común en todos los eventos de inundación en Ibarra ha sido el mismo: el desbordamiento del río Ajaví y la ineficiencia de un colector que, tras 35 años, ya no responde a las necesidades de una ciudad en expansión. Desde la hidrología urbana, el Ajaví carecía de una salida natural eficiente hacia el Tahuando, y en una ciudad cada vez más impermeabilizada, el embovedamiento se consideró una solución técnica válida en su momento.
Sin embargo, el Ing. Pedro Romero, experto en hidráulica fluvial, advierte: “Fue una medida inevitable, pero no sostenible en el tiempo si no se acompaña de mantenimiento, ampliación y educación ciudadana. El agua siempre buscará su camino, y si el canal es insuficiente o está cerrado, lo sobrepasará”.
Romero además subraya que el problema de fondo es la falta de planificación integral en una ciudad con expansión desordenada,“Si el Ajaví hubiese conservado su cauce natural, con una franja de protección y diseño hidráulico-natural, como lo hacen las ciudades con infraestructura verde, no habría sido necesario embovedarlo. Hoy, existen estudios y modelos de fluidos que permiten gestionar el agua sin ocultarla bajo concreto”.


